por Rodrigo Verastegui
Paso hace mucho tiempo, cuando tenía todo, ahora parecería que fue solo un sueño, sin embargo muy dentro de mí se que todo fue real y eso es lo que arde en lo más hondo de mi ser, el saber que no lo aproveche, como debería.
Un joven camina tranquilamente por la calle, concentrado en la música de su reproductor de MP3, por lo que casi tropieza con un mendigo que se acerco a él para pedirle algo de dinero. El joven está dispuesto a seguirse de largo sin hacer mucho caso, sin embargo algo llama su atención de la persona frente a él, no parece ser del tipo que siempre haya transitado en las calles. Al sentir su confusión, el mendigo, se lo confirma- si yo, solía ser como tu-.
El joven desea seguir, pero la curiosidad es más grande. Le pregunta a lo que este se refería, el mendigo sonríe al saber que existe todavía alguien en este mundo interesado en prestarle atención.
Yo- comienza el mendigo- tenía todo, dinero, trabajo, amigos, mujeres, hasta que me callo está maldición, está que me tiene atado a vivir de las misericordias de los demás. El mendigo se toca frenéticamente los ojos, donde su vista solía estar. El joven presta más atención a las facciones del mendigo, debe ser unos años mayor que él, sin duda, pero la vida en las calles hace parecer que es más grande de lo que es.
El joven apaga el aparato de música y ayuda a levantar al mendigo, por alguna extraña razón, su historia en esos momentos parece de lo más fascinante, y no existe otro lugar en el mundo donde le gustaría estar. El mendigo se agarra del brazo del joven, y así juntos comienzan a caminar, el joven poniendo atención a cada palabra que sale de la boca de su acompañante.
No sé cómo no aproveche lo bueno que la vida era conmigo- el mendigo continua- como no me enamore ni una vez, simplemente me la pase tonteando creyendo que una relación seria no es algo con lo que yo podría convivir, no sé como aleje a mis amigos si estuvieron ahí cuando todo este proceso comenzó, y sobre todo no sé como deje de amar a mi familia, como creí que estaba bien y que podía ingeniármelas solo, como creí que la vida solo se trataba de estar por encima de los demás. Ser admirado, ser un ejemplo a seguir, eso era lo que yo aspiraba, y mírame ahora donde estoy, vivo al día, esperando que la muerte por fin se digne a pasar por mi casa.
El joven se detiene, el mendigo sorprendido hace lo mismo, pensando que a lo mejor hizo algo para molestar a su nuevo amigo, puedo hacerte una pregunta el joven dice, el mendigo hace una breve afirmación, ¿Por qué crees que somos iguales?
El mendigo tarda varios segundos en contestar, de todas las preguntas que pudo haber imaginado esa era la última que se le hubiese ocurrido. Porque yo era así despreocupado y desinteresado con los demás.
El joven no tarde en responderle, ¿y eso exactamente en qué cambiado en estos momentos? Al ver que no hay respuesta de su compañero, el joven esboza una sonrisa. Precisamente eso era de lo que quería que te dieras cuenta, aquí estas tu pidiendo dinero y compañía a los demás, quejándote de tu nueva mala suerte, y eso es lo que no entiendes esa parte de ti que siempre se queja de todo alrededor tuyo siempre ha existido, y no tiene nada que ver con la enfermedad que te ha dado, si perdiste un sentido esencial, pero diversas personas han salido adelante porque tiene el coraje de seguir, lo cual no puedo decir de ti. Y a tu afirmación de hace un rato, tu y yo no somos iguales, porque yo no creo en la suerte, buena o mala, en la vida todo lo que quieres hay que buscarlo. Te lo dejo de tarea.
El joven se adelante dejando al mendigo frio, a los pocos segundos esté mueve su cabeza como si dejara salir los pensamientos que lo atormentan. Mejor se sienta de nuevo, y espera a una señora que está a punto de pasar a su lado, para pedirle algo de dinero.

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